Hay síes que se dicen por costumbre. Y hay síes que se dicen con convicción.
Aquí reunimos historias de personas que decidieron atreverse: a cambiar, a crear, a vivir a su manera. Porque al final, el vino solo acompaña algo más importante: tu forma de mirar la vida.
Sí a los vinos que te gustan
Elige sin miedo
Elegir un vino no debería ser complicado. Déjate llevar por lo que quieres sentir.
Pregúntate:
¿Qué emoción quieres sentir?
¿Qué momento quieres crear?
¿Qué intensidad te apetece?
Y recuerda que no hay elecciones incorrectas, simplemente elige aquello que te hace sentir bien. Nadie manda más que tú en tus decisiones, disfrútalas.
Sirve con actitud
Servir un vino es ofrecer una invitación: a parar, a compartir, a celebrar.
Hazlo sencillo:
Cuenta en pocas palabras de donde viene el vino. No te compliques.
Asegúrate de que la temperatura acompaña, y si no, añádele un hielo (tú mandas).
Invita a probar sin prisa.
Un gesto tan simple como sonreír mientras llenas la copa cambia la percepción de todo lo que viene después.
Disfruta como eres
No tienes que parecerte a nadie. Disfruta de tu forma de ser.
Para hacerlo tuyo:
Escúchate. Abre una botella un martes cualquiera
Brinda por lo cotidiano. Por las cosas sencillas de la vida.
Apaga el móvil y disfruta de estar presente.
Diviértete. El resto ya lo harás mañana.
Regala con convicción
Regalar vino es decir sí a compartir tiempo con los tuyos.
Piensa en lo que quieres decir:
“Gracias por estar”
“Celebremos eso que tanta ilusión nos hace”
“El otro día me acordé de ti”
Lo difícil es abrir la botella, lo fácil es compartirlo con la gente que quieres.
Combina con libertad
Los maridajes no son reglas. Son invitaciones a descubrir.
Combinaciones que siempre funcionan:
LAN Crianza + una comida larga con sobremesa.
LAN Verdejo + un picoteo improvisado al sol.
LAN D-12 + un plato con carácter, como tú.
Si te apetece, es el mejor maridaje
Es hora de : un LAN
Sí a entender lo que importa
Micro defininiciones descomplicadas de conceptos del vino
Encuentro sorprendente entre comida y bebida.
La huella que deja el vino cuando se relaja por el cristal de la copa.
Vinos que nacen de la unión de otros.
Una botella para disfrutar el doble.
Esa leve sequedad que queda en la boca cuando sientes el carácter del vino.
El lugar donde el vino se relaja y se toma su tiempo.
LANzar el vino, pasándolo de una copa a otra.
Un vino que ha sabido esperar a que llegue su momento.
Un vino que sabe lo que quiere y no tiene prisa por demostrarlo.
Un roce que no es para todo el mundo, pero quien lo entiende, lo busca.
Un vino que recuerda con frescor de donde viene.
Esa vida que existe alrededor del vino en su proceso de elaboración.
Aquello que le ocurre al vino cuando quiere tomar el aire.
Aquel que siempre hace lo que realmente le gusta, y lo comparte contigo.
El primer sí que te acerca a ser quien eres, el año, tú año, su año, el año del vino.
Lánzate
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